BELGRANO Y SU DEVOCION POR LA VIRGEN
Los viejos documentos, las crónicas y distintos testimonios de época permiten dimensionar la figura trascendente de Manuel Belgrano, que en los albores de la Patria se convierte en fervoroso defensor de la causa americana. Belgrano no es solo mediador en el proceso revolucionario, sino un activo movilizador de la Patria nueva. Su correspondencia con los principales hombres públicos de su época así lo demuestra. Su fama se proyectó a nivel continental para estar colocada al lado de nombres como Francisco Miranda, Simón Bolívar y José de San Martín.
Su formación religiosa y su excelente preparación teológica y filosófica le permitieron a Belgrano aplicar en las distintas facetas de su acción política, militar y económica, así como cultural, las enseñanzas recibidas.
La Virgen del Rosario fue llamada Virgen de la Reconquista y Defensa de Buenos Aires después de los sucesos ocurridos en 1806-1807 con motivo de las Invasiones Inglesas. Buenos Aires fue tomando forma desde su fundación y se distinguió por los templos que fueron construyendo. Se la conocía como Puerto Convento pues los viajeros que arribaban a sus playas sólo advertían la altura de alguna de sus torres como la de San Miguel, llamada “la Chismosa”. Las parroquias, capillas, oratorios y ermitas dieron forma a los barrios en la capital, adentrándose hacia la Pampa. El fervor de los vecinos se enderezó hacia la Virgen del Carmen y luego hacia la Virgen del Rosario, que fueron sacadas en momentos de peste y dificultades en procesión solemne.
Belgrano, vinculado al Convento de Santo Domingo, fue devoto de la Virgen del Rosario y perteneció a la Orden de Terciarios, cuyo accionar que mostró adhesión a la causa de la Revolución.
Retomando el hilo de nuestra exposición, debemos destacar la vocación mariana de Belgrano, pues cumple en reiteradas ocasiones con el culto o devoción a la Virgen María. Las sesiones consulares, donde él es secretario, estaban bajo la advocación de la Santísima y Purísima Concepción de María, bajo cuya advocación se iniciaba cada sesión presidida por Belgrano.
Por esta misma época, en el Correo de Comercio sostiene que la religión es el sostén principal e indispensable del Estado y el apoyo firme de las obligaciones del ciudadano. Volúmenes enteros, dice, no son bastantes para descubrir todas sus conexiones con la felicidad pública y privada. “Riámonos de las virtudes morales, que no estén apoyadas por nuestra Santa Religión. La razón y la experiencia nos lo enseñan constantemente”.
En sus Memorias, cartas y otros documentos hace manifestaciones muy concretas de respeto hacia la Santísima Virgen María. Destaca indudablemente el aspecto maternal y sobre todo el carácter mediador que ella tiene frente a su Hijo Jesús. El misterio de la Purísima Concepción cobra valor inusitado en el accionar de Belgrano, pues constituye el símbolo que identifica a los americanos en momentos de producirse la Revolución y la Independencia. Es el Misterio de la Inmaculada Concepción que se opone al Misterio de los Derechos de Fernando VII que esgrimen los separatistas.
Belgrano en su diario de marcha al Rosario, así como en sus campañas al Paraguay y Banda Oriental (1811-1812); y su posición frente al Ejército Auxiliar del Perú (1812-1813 y 1816-1819), a través de bandos, proclamas y ordenanzas para el ejército y la población, constituyen un corolario por demás revelador de su respeto por la Santísima Virgen. Con motivo de la Batalla de Tucumán pone bajo la advocación de Nuestra Señora de las Mercedes la suerte de su ejército. Tributa ante la victoria un homenaje muy sentido a la Santísima Virgen, nombrándola Patrona y Generala del Ejército, entregándole su bastón de mando.
Belgrano, como católico práctico difundió la devoción a la Santísima Virgen a través del Rosario, novenarios, misas, angelus, etc., al punto que Bartolomé Mitre dijo que su ejército parecía una legión romana sujeta a las normas de una orden monacal. Su amor a la Virgen se puso de manifiesto en sus homenajes, haciendo llegar las banderas y trofeos tomados al enemigo para ser depositados a los pies de la Virgen del Rosario o de la Inmaculada Concepción de Luján o de Nuestra Señora de las Mercedes en Tucumán.
Toda la documentación esta signada por su devoto amor a María, considerándola fundamento de fe cristiana y refugio de todos los pueblos del mundo. Belgrano inicia dos grandes devociones, el rezo del Rosario y el uso del escapulario, que los soldados llevan en sus pechos. La misa es un elemento fundamental de la religiosidad y los soldados y oficiales debían concurrir a misa.
Al compulsar los distintos diarios militares advertimos que en todos ellos exhorta al Puntualiza la necesidad de afianzar el honor, la capacidad, el trabajo, la voluntad de servicio, la ética, la moral, el amor a Dios, el culto a la Santísima Virgen. Perfila el carácter de todo buen militar: la serenidad, la vigilancia constante, el espíritu de cuerpo. Promueve el destierro del ocio y la capacitación por el trabajo, las ciencias y la técnica. Así decía: "Los hombres grandes leen en tiempos de guerra como en tiempos de paz. Nobleza de alma y sentimiento altruista, educación y vocación, espiritualidad y religiosidad, amor a la Patria, a la tierra y a su gente constituyen el corolario de todo buen cristiano".
Belgrano siempre se definió como católico, apostólico y romano, pero fundamentalmente esto lo ataba a conservar el patrimonio de su tierra y velar por el bienestar del común. Ponía a Dios como testigo de su responsabilidad y a la Santísima Virgen como tributaria de la libertad y la Independencia de América en todo tiempo.






